Os propongo un juego antes de comenzar con esta receta de Magdalenas de la Abuela, aunque a esto creo que ya hemos jugado.
Cerrad los ojos, respirar profundamente, vamos a viajar a un lugar concreto, a donde os sintáis cómodos y tengáis recuerdos maravillosos. Coge aire y imagina el olor de unas magdalenas saliendo del horno, elaboradas con esas manos que cuentan historias, que están curtidas por el tiempo.
Nota las notas que desprenden, un olor lactoso, con un fondo de aceite de oliva cocinado y con una entrada profunda a limón, como si de un perfume maravilloso se tratase. ¿Lo notáis? ¿Habéis despertado esas glándulas salivales? Pues eso es lo que quiero que consigamos con estas Magdalenas.
Creo que estoy en una etapa de mi vida en la que más que nunca necesito de esto, de la calma, de evitar recetas rápidas con tres ingredientes, de videos que no me dicen nada. ¿Hay alguien más a quién le pase? En una época en la que no tenemos tiempo para nada, que todo lo queremos de manera inmediata, creo que esto nos puede ayudar, parar, detenernos, leer con calma y hacer cosas que cobran el sentido completo de todo y unas buenas Magdalenas de la Abuela son el secreto.
Esto no se va a quedar aquí, si no que será la tónica general de mis recetas (aunque siempre lo han sido) la de disfrutar del momento, del proceso y la de que cobren vida y sentido con recuerdos únicos.
Como consejo, utilizar cápsulas de buena calidad, para que no se nos despeguen porque tienen un alto contenido en grasa y además usar molde de Cupakes para que no se nos abran. ¿El tamaño? En mi casa gustan magdalenas grandes pero eso ya a vuestro gusto.
¿Preparadas? ¿Delantales listos? Pues ingredientes a la mesa y comenzamos.


¿Qué podemos hacer llegado este momento? Fácil, un buen tazón de café, de cacao, un chocolate calentito, un vaso de leche fresquita… lo que te apetezca, pero disfrutar del momento y degustarlas como más te apetezca.
Por cierto, hemos hablado varias veces en este post del “copete” pero ¿Qué es? es la parte superior, abombada y elevada tan característica de las magdalenas, y que todo repostero o pastelero que se precie busca me forma insaciable porque parece que cuanto más alto mejor está elaborada la magdalena jejeje.
Si es cierto que si espolvoreamos demasiado azúcar por encima antes de hornear le cuesta más trabajo subir, pero oye, yo soy capaz de sacrificar un poco de ese copete por el caramelo crujientito que se le queda por encima, esto a gusto del consumidor jejeje.
Si lo que quieres es una versión chocolatosa, tienes esta receta de Magdalenas de chocolate que hará las delicias de los más golosos.
Por último deciros que lo que necesitéis no dudéis en preguntar o bien por aquí o en mi Instagram @eldulceobjetivo donde todos sois bienvenidos.
Y recordar, “Vivir es compartir” así que mucho a mor a esta receta tan maravillosa y compartirla para que llegue a más gente.
¡¡Un beso familia!!
3 Comentarios
Que buenas! Y que añoranza de cuando publicaba en mi blog, hace años que no lo hago, algo publico en Instagram y eso que antes los niño eran pequeños y no tenía tiempo para nada, ahora que hay más tiempo….
Espectaculares, doy fe que son deliciosas, de las recetas de magdalenas que mas nos gustan en casa, y tu lo haces que parezca todo tan sencillo de hacer, que disfruto mucho haciendo tus recetas, y luego las fotos no pueden ser mas bonitas, pero es que eres un artista en la repostería y en la fotografía, y como persona eres maravilloso
¡Fueron deliciosas! Antes de cocinarlas, tuve miedo que mezclaría el aceite y la nata incorrectamente, pero no lo hice. Estas magdalenas fueron simples cocinar y el sabor fue excelente. Fueron un poco quemadas cuando las cociné; sin embargo, probalamente fue mi horno. ¡Gracias por compartir esta receta!